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ISABEL, CORAZÓN DE LEÓN

Regresa a México con el jersey arco iris y medallas de oro y bronce de los
Mundiales Master, para sumar seis preseas desde el 2001.
Por Víctor Becerril
Llora Isabel con la mano en el corazón, su corazón de León. Está en el podium y
de su pecho cuelga la medalla de oro tras ganar la prueba de velocidad en los
campeonatos Mundiales Master, en Manchester, Inglaterra, realizados del 7 al 13
de septiembre.
Cuánto dolor ha tenido que pasar Isabel León Moncada para llegar de nuevo hasta
este lugar, hasta la cima; cuánto sacrificio, pero cuánto orgullo siente de
cumplir con tres de sus propósitos vitales: servir de ejemplo para su pequeña
hija Daniela, para los niños mexicanos y para su país.
Lo piensa, lo disfruta, no se cambia por nadie. Regresa a México una vez más con
el jersey arco iris de campeona mundial, como ocurrió en el 2001, y dice que
buscará su siguiente meta: los Juegos Olímpicos. “A mi edad —dice—, y si no,
pues regreso a Manchester el año que entra por más medallas”.
Isabel es una de esas prestigiadas deportistas que no ha sido recibida ni por el
Presidente ni por los dirigentes deportivos —que ni cuenta se han dado de la
valía de sus triunfos—, avalados por la UCI, la misma entidad que se enorgullece
también de las actuaciones de Nancy Contreras.
A Isabel nadie le pregunta en qué bicicleta compite y a nadie le preocupa que
tenga con ella 16 años; tampoco trasciende por qué ha tenido que viajar a Europa
acompañada de su hija de ocho años como única acompañante. No tiene sicólogo y
mucho menos entrenador o masajista, aspectos que ella misma cubre por su
preparación como profesora de Educación Física.
Alguna vez, cuando emprendió una aventura por Europa para tratar de ser ciclista
profesional, sufrió una caída que casi le cuesta la vida. Se rompió la mandíbula
y fue a dar a un hospital en Italia, equivalente a uno de la Cruz Roja en
México, donde la operaron indebidamente y con exceso de anestesia, lo que le
provocó un tic en la cara y daños en uno de sus ojos.
Sin más que coraje y esperanza
Esta es la historia de una deportista que ha tenido que luchar con todo en
contra para culminar sus más caros anhelos. Que llegó a Manchester en el 2001
junto con Daniela, entonces de 6 años de edad, una niña que lo mismo aguantó una
rueda de la bicicleta de su mamá, que largas caminatas, miles de kilómetros de
viaje, tres aeropuertos, dos aviones, tres autobuses en Manchester —donde debían
cargar todo su equipamiento de competencia.
Contra toda lógica, contra la indiferencia de las entidades deportivas, Isabel
dio la gran sorpresa y ganó el oro en el sprint, para que México —con ella
solita— tuviera diez puntos y superara a Francia, Italia y Canadá.
Esta parte de la historia tiene que ver con el apoyo de Morman Owen y de su
familia, que se conmovieron con el esfuerzo titánico de Isabel y la adoptaron
junto con su niña, prodigándoles cuidados y atenciones sin precio.
Norman y su esposa Leila se convirtieron en los abuelitos de Daniela, cautivados
desde que un día la chiquilla le dijo a él en perfecto inglés un: “Thank you
very much”, cuando las vio caminar por una avenida de Manchester cargando ambas
todo su equipaje rumbo al sitio de la competencia, y se ofreció a llevarlas en
su automóvil.
Isabel volvió a Manchester en el 2002 y cosechó más medallas: Una de plata en
velocidad, con bronce en los 500 metros y en la carrera por puntos.
Otra vez, con todo en contra
En el 2003, Isabel se encontró de nuevo con la adversidad, al enfermarse de
bronquitis en Manchester. Así compitió en los 500 metros y ocupó el quinto
lugar. Peor de salud, hizo vaporizaciones una noche antes de su siguiente
prueba, la velocidad, sin apartar de su mente que tenía que competir.
El día de la carrera, con la garganta cerrada, Isabel ganó sus heats y llegó a
la final contra la alemana Petra Kluender, a quien venció por una bicicleta.
Había logrado uno de los triunfos más espectaculares. Por eso el llanto
incontrolable, mientras el Himno Nacional de México sonaba en todo el velódromo
británico.
Isabel, quien iba este año como entrenadora de un equipo integrado por Fernando
Pelletier y Ricardo Rubio Carpinteyro, se trajo también esta vez la medalla de
bronce en la prueba por puntos, superada por la holandesa Marion Bax y la
sudafricana Paula Noah.
Esta es Isabel León, la mejor latinoamericana en el Giro de Italia femenil en
1987 y 1988, y ganadora de cuatro medallas de oro en los Panamericanos de Cuba
en el año 2000.
En sus propias palabras
¿Cuánto ha costado todo esto y no sólo en el aspecto económico?, se le pregunta
a Isabel, sentada junto a sus medallas y sus dos jersey arco iris.
“Son más de 25 años de sueños, de ilusiones. Y soy campeona del mundo master
avalada por la UCI y no pierdo las ilusiones de lograrlo en élite”.
Luego, ella misma cuenta parte de su historia.
“Mi primer contacto con el ciclismo se debe a los profesores, Roberto Ortiz y
Rubén Aguirre, quienes fueron un día a la escuela donde estudiaba para
invitarnos a practicar este deporte en el Velódromo Olímpico. Corrí de los 14 a
los 17 años de edad, con una participación a los 15 en un Mundial elite, y me
retiré por primera vez en 1979, después de ir a Holanda, sin que nadie me dijera
que no me frustrara, que podría tener mucho camino por delante.
Isabel estudió Educación Física en la ESEF y cursó dos años de medicina, hasta
que se encontró de frente con la tragedia en el temblor de 1985 y resultó
lesionada de la columna, cuando además le fue diagnosticado un mal congénito en
la misma.
Era el juego con el gato y el ratón… pero ese ratoncito se convirtió en León…
“Pasé dos meses en cama, sin poder caminar y cuando pude hacerlo me di cuenta de
que la bicicleta me estaba esperando, así que volvia tomarla, competí hasta
1991, después de que fui a Panamericanos y Mundiales para volverme a retirar por
razones de estudio y radicar en España.
“Me enteré por Internet de los Mundiales Master, y en el 2001 ya estaba en
ellos, con la historia que les he contado”.
“¿Qué me impulsa? Primero mi hija y los niños, como soy maestra he querido ser
un ejemplo para ellos, y también para las madres, porque estoy divorciada desde
hace tres años y quiero que sepan que se puede salir adelante… por eso cuando
viajo lo hago con Daniela”.
“Hace dos años nadie apostaba por mí, y Norman Owen lo escribió más o menos así
al verme competir contra una australiana: Era el juego del gato y el ratón… pero
ese ratoncito se convirtió en León… Es una mujer que llegó a Manchester con nada
más que coraje y esperanza”.
Bettina Benotto, empresaria con visión
Isabel tiene ahora un patrocinador, Bettina Benotto, para quien dedica palabras
de agradecimiento.
“Me preparó un recibimiento en el aeropuerto, lo que me sorprendió y me
emocionó. Bettina está muy entusiasmada y quiere impulsarme a los Juegos
Olímpicos o de nuevo a Manchester. Quiere aprovechar este momento para hacerle
ver a la mujer que se pueden hacer muchas cosas. Estoy igualmente agradecida con
el señor Jesús Fares, funcionario de Benotto.
“Bettina pretende hacerle ver a las mujeres que uno se puede conservar bien con
el deporte y queremos decírselo a las mamás. La verdad, yo quisiera que el
deporte fuera como una epidemia, porque es además el mejor de los vicios. Del
ejemplo de los padres y de las madres se pueden rescatar a muchos jóvenes de las
malas costumbres.
Enamorada también de su profesión, Isabel León, quien cumplió 42 años el 13 de
septiembre, dejó hace poco la Subdirección General de Educación Física, donde no
contó con todo el apoyo para la consolidación de mayores logros.
“Me siento contenta con lo que pude hacer hasta el momento de mi salida”,
comenta, “parte de mi trabajo se consolidará en apoyo a los niños del DIF. Si me
preocupan los niños que tienen padres, mucho más los que ni siquiera tienen una
familia, los que son maltratados. Se les dará el apoyo con maestros de educación
física y esto será objeto de un convenio que ya nadie puede eliminar. Estoy
contenta porque mis logros deportivos tienen un fin y es el reflejo de ellos en
los niños y en los jóvenes”.
Isabel seguirá en busca de sus metas… y con los leones no se juega.
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